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Patrimonio… cómo lo protejo

  • Foto del escritor: Gonzalo Guillermo Miguel Sandoval
    Gonzalo Guillermo Miguel Sandoval
  • 31 dic 2020
  • 2 Min. de lectura

¿De qué protejo a mi patrimonio?


Construir un patrimonio, es una labor que, salvo en contadas ocasiones (como en el caso de Jerry Winckler, historia referida en episodios anteriores), puede conllevar años y años de esfuerzo, trabajo arduo y dedicación. Su desaparición a causa de eventos desafortunados, puede ser cuestión de horas, minutos, segundos, a veces… ¡un instante! Por ello, no resulta una cuestión menor, el preguntarnos:


¿Está protegido mi patrimonio?


Si la respuesta a la pregunta anterior es afirmativa, la siguiente sería:


¿El nivel de protección de mi patrimonio, es el adecuado, es el conveniente?


Hemos hablado ya, de la necesidad de hacer un recuento de dicho Patrimonio (inventariarlo) y, desde luego, asignarle un valor (avalúo). Uno de los propósitos de llevar a cabo lo anterior es, precisamente, el estar en condiciones de Proteger, tarea que resultaría casi imposible sin el detalle de la integración y su valor en metálico. Ahora, aunque pudiera parecer obvio:


¿De qué protejo a mi patrimonio?


Así como las personas, las cosas pueden sufrir deterioro, menoscabo o aniquilamiento, por causas distintas. Es decir, están sujetas a las consecuencias de distintos eventos, están sujetas al Riesgo.


Según la RAE (Real Academia Española) el riesgo se define como: “Contingencia o proximidad de un daño”.

Consecuencias del riesgo


El riesgo como tal, es la posible ocurrencia de un suceso incierto, futuro, fortuito y que producirá, en su caso, una necesidad económica.


Su elemento central es la incertidumbre de pérdida o daño, y esto se refiere al momento en que dicho acontecimiento va a tener lugar.


Se trata de algo inevitable y cuya aparición real o existencia, en el mejor de los casos, sólo se puede prevenir y garantizar.


Una vez presentada la eventualidad inherente, el riesgo deja de ser tal, para convertirse en siniestro, es decir: una disminución por deterioro o destrucción parcial o total de nuestro patrimonio.

Posiciones ante el riesgo


Ignorarlo (“no pasa nada”)


Se asume que aquellos eventos que lo implican (por ejemplo un incendio, un robo, un accidente), siempre les ocurrirá a otros pero no a la persona que adopta esta posición.


Evitarlo (“si me duele la cabeza, me corto la cabeza”)


Se trata de eliminar el riesgo de manera radical (por ejemplo; para evitar el riesgo de explosión por gas, se eliminan todas las instalaciones que lo contengan).


Prevenirlo (“hombre precavido, vale por dos”)


Se toman medidas que pueden reducir su frecuencia o impacto (por ejemplo: ante el riesgo de incendio, se cuenta con extinguidores).


Asumirlos (“a lo hecho, pecho”)


Se corre el riesgo por cuenta propia, (en este caso lo ideal sería contar con una reserva o fondo para tal propósito).


Transferirlos


Las consecuencias dañinas se transfieren a un tercero, ya sea un pariente, amigo, conocido o, idealmente, a una compañía aseguradora.


Sea la posición que asumas ante el riesgo, sus consecuencias siempre se traducirán en dinero. La pregunta central es:


¿A cargo de quién deseas dejar la factura?

Finalmente recuerda:


“¡Si eres de los que piensan: no puedo pagar un seguro de vida; probablemente lo necesites más que aquellos que si pueden pagarlo!”


Apoyemos, reconozcamos y respetemos a nuestros médicos, enfermeras, laboratoristas, camilleros, operadores de ambulancias, personal de intendencia y a todo el gremio de la salud.


31 / diciembre / 2020


Gonzalo Guillermo Miguel Sandoval

Agente Profesional de Seguros

Consultor Fiscal

www.retiroatiempo.com

9991-929563

 
 
 

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